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«Trapos sucios»
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El 60% de las compras del Black Friday son de ropa, calzado y complementos. Su repercusión sobre el medio ambiente es importante.

En víspera inmediata del Black Friday, Greenpeace ha querido lanzar una advertencia. En cierto modo es genérica, puesto que, como nos recuerda la ONG, «alrededor del 60% de las compras que se producen en el Black Friday son de ropa, calzado y complementos». Por ello, un consumo responsable de estos productos contribuye a mejorar la salud del planeta. Y también por esa razón nos advierte de «las enormes consecuencias climáticas y sociales del sobreconsumo de algunos productos textiles».

Toma como muestra un botón, que es nada menos que Shein. La propia Greenpeace titula del siguiente modo un artículo que ha difundido: «Greenpeace saca los trapos sucios de Shein: sustancias químicas peligrosas en sus productos que infringen la normativa de la Unión Europea».

El mismo incide sobre todo en la presunta falta de control de los contenidos químicos de la ropa. Pero también en otros aspectos que hemos separado en una nota relativa al modelo de negocio del «sobreconsumo».


En efecto, estos días estamos informando repetidamente sobre Shein a propósito de la apertura de una tienda efímera en Barcelona.

La empresa china de venta online, de ropa de bajo coste, lleva algunos años haciendo mucho ruido. Hace unos meses publicábamos una visión, supuestamente acreditada, muy agresiva sobre esa compañía, en este artículo: Graves calificativos de un profesor del Iese contra Shein (que presume de colas en su tienda efímera). No obstante, como también reflejamos y recogeremos en otras informaciones, el sector sigue el caso Shein con cierta admiración e incluso envidia.

Simultáneamente, otras fuentes inciden de nuevo sobre los aspectos negativos.

Justamente ayer, la ONG Greenpeace difundió una información sobre el uso de sustancias químicas tóxicas en un 15% de las prendas de Shein que dicha organización ha encargado examinar; lo que le da pie a formular una denuncia colectiva contra una parte del sector de la moda, en particular relacionada con las empresas externas a la UE, que dice lo siguiente:

 

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Test de laboratorio. Greenpeace encargó al Instituto de Medio Ambiente de Bremen análisis para hallar sustancias tóxicas, tales como compuestos orgánicos volátiles (VOC), en prendas Shein. Foto Kay Michalak, difundido por Greenpeace: Preparación de las muestras para la extracción con metanol.

Comunicado (extractado), negritas por Greenpeace:

«Greenpeace advierte que muchas empresas de moda radicadas fuera de la Unión Europea (UE) no cumplen con el reglamento sobre sustancias químicas peligrosas en productos importados (Reglamento Reach), que establece límites de concentración estrictos. Según el último informe de Greenpeace, liderado por Greenpeace Alemania, la marca de moda ultrarrápida Shein tiene un modelo de negocios basado en químicos peligrosos y destrucción ambiental. Greenpeace ha analizado las sustancias químicas en 47 productos Shein, encontrando que siete de ellos (15%) contenían sustancias químicas peligrosas que superan los límites reglamentarios de la UE (Unión Europea), y cinco de estos productos superan los límites en un 100% o más, mientras que según las pruebas un total de 15 de los productos contienen sustancias químicas peligrosas en niveles preocupantes por encima del certificado Oeko Tex (32%). Esto es relevante porque hasta un 60% de los productos vendidos en Black Friday pertenecen a la categoría de ropa, calzado o complementos.

»Greenpeace compró 42 artículos, incluidas prendas y calzado para hombres, mujeres, ropa infantil y de bebés, de las páginas web de Shein en Austria, Alemania, Italia, España y Suiza, y cinco artículos de una tienda ’pop-up’ en Múnich (Alemania). Los productos fueron enviados al laboratorio independiente BUI para su análisis químico. Los hallazgos, que incluyen niveles muy altos de ftalatos en los zapatos y formaldehído en el vestido infantil, demuestran la actitud negligente de Shein respecto a los riesgos ambientales y la salud humana asociados con el uso de sustancias químicas peligrosas, cuando estos se entran en conflicto con su propio beneficio económico. El informe destaca que la empresa, con sede en Nanjing (China) está violando las normas ambientales de la UE sobre productos químicos y poniendo en peligro la salud de las personas que consumen sus productos y que trabajan para producirlos.

»’Los resultados muestran que el uso de productos químicos peligrosos sustenta el modelo comercial de moda ultrarrápida de Shein, que es lo opuesto a estar preparado para el futuro. Los productos de Shein que contienen sustancias químicas peligrosas están inundando los mercados europeos y violando las normas que las autoridades no hacen cumplir. Pero son las trabajadoras de los proveedores de Shein, las personas de las comunidades aledañas a estas fábricas y el medio ambiente en China las que sufren las peores consecuencias del uso de estas sustancias químicas. En esencia, el modelo de negocio lineal de la 'fast fashion’ es totalmente incompatible con un futuro respetuoso con el planeta, pero el surgimiento de la moda ultrarrápida o 'ultra fast fashion’ liderado por Shein está acelerando aún más la catástrofe climática y ambiental y debe detenerse en seco mediante una legislación vinculante. El cambio pasa por primar alternativas de economía circular frente a la compra de productos nuevos’, ha declarado Celia Ojeda, responsable de biodiversidad en Greenpeace.

»Los límites estrictos del reglamento Reach sobre sustancias químicas peligrosas tenían un vacío legal que excluía de estos requisitos a los productos importados. Esta circunstancia se cambió después de que se mostrara cómo el uso de productos químicos tóxicos por parte de los proveedores textiles en los países del Sur Global también conducía a la contaminación del agua en la UE, algo que se consiguió tras la campaña Detox My Fashion de Greenpeace.

»’Greenpeace pide a la UE que haga cumplir sus leyes sobre productos químicos peligrosos, que son un requisito básico para lograr una economía textil circular y el fin de la moda rápida, como se establece en la propia Estrategia Textil de la UE. Además, las propuestas de la UE también deben abordar el sistema inhumano de explotación y destrucción que usa la moda ultrarrápida que no debería tener cabida en ninguna industria en el siglo XXI, responsabilizando a las empresas por la explotación ambiental y social en sus cadenas de suministro y el impacto de los residuos de la moda. Esto también debe abordarse con urgencia a través de un tratado global, similar al Tratado Internacional contra la contaminación por plásticos de la UNEA (Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, en sus siglas en inglés) que se está discutiendo actualmente, para finalmente abordar la huella de carbono gigante que produce la industria de la moda’, añadió Ojeda Martínez».

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