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En sus primeros seis meses, la filial española anotó pérdidas..


El grupo químico Eastman, que obtiene fibras celulósicas bajo la marca Naia, ha informado que ampliará la capacidad de producción de hilo de filamento en su planta de Barcelona. Dicha capacidad se amplía ya en un 30% este mismo año, y a más de un 50% (que entendemos que no es adicional al incremento actual, sino el objetivo absoluto final) a finales de 2022.

Según Burt A. Capel, vicepresidente de Eastman y director general de la división de fibras, «la creciente importancia de la sostenibilidad y la circularidad es un factor de mercado para la aceleración en la adopción de fibras sostenibles», y, como resultado, «el hilo de filamento celulósico de Naia gana mucho atractivo entre nuestros clientes».

«Nuestra visión —ha añadido— es hacer que la moda sostenible sea accesible para todos, y tenemos un equipo muy comprometido en nuestro sitio de Barcelona que trabaja activamente para llevar esta expansión lo antes posible para servir a nuestros clientes en todo el mundo». Con mayor capacidad productiva podrá satisfacer la demanda de nuevas marcas de moda que requieren este tipo de producto.

La planta de producción de Naia en Barcelona opera en las instalaciones de la veterana firma española Industrias del Acetato de Celulosa, SA (Inacsa), con nave industrial en La Batllòria (Sant Celoni, Barcelona), fundada en 1948, que vendía sus artículos con la marca Greencel. Los activos y la unidad de negocio fueron vendidos el 1 de julio de 2019 a Eastman Chemical Company, que los adquirió a través de Eastman Chemical Barcelona, SLU. Esta última sociedad, domiciliada en la planta de La Batllória, fue creada al efecto en enero de 2019, como transformación de otra anterior (Stockbridge, SL), y lleva el mismo nombre que una SA extinguida en 2007, Eastman Chemical Barcelona, SA, que, a pesar de llevar la denominación «Barcelona», estaba domiciliada en San Roque, Cádiz, y se dedicaba a productos básicos para tintas, pinturas y recubrimientos.

La facturación de Inacsa, actualmente dedicada a servicios financieros y contables, había bajado de 41 a 30,4 millones de euros en 2018. Y en 2019, el año en que fue comprada por Eastman, bajó todavía más, a 21,2 millones, aunque fundamentalmente se debe a la transferencia de activos a mitad de ejercicio. La compañía redujo su capital el año pasado en 276.916 euros, quedando el resultante en 782.736. Buena parte de sus ingresos se debieron al cobro del pago de Eastman por los activos. En 2018 había anotado beneficios por 7,5 millones de euros. En 2019 esa cifra se elevó a 12,1 millones, en parte, precisamente, como fruto del importe de la venta de la unidad de negocio y su patrimonio afecto.

En cuanto a Eastman Chemical Barcelona, en su primer año (2019, incompleto, solo seis meses), facturó 9,16 millones y anotó una pérdida de 180.600 euros.


TE 781. 28/6/2021


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