La moneda del país se hunde frente al euro... por el sorprendente enfoque de su política anti-inflación.
Turquía se está viendo beneficiada por su proximidad a Europa, las condiciones ventajosas de acceso aduanero a este mercado, la nueva política mundial de abastecimiento de cercanía... y un factor añadido. Esto no afecta solo al textil, sino a cualquier sector económico: Turquía es una base de abastecimiento muy atractiva para Europa.
El factor añadido es la evolución de la lira turca. A mediados de diciembre, y en lo que llevábamos transcurrido del año 2021, la moneda del país había caído un 41% frente al euro. En tan solo dos semanas desde finales de noviembre había perdido un 26%.
De todos modos, la evolución futura del cambio de divisas es impredecible. La caída de la lira turca se debe a que nadie cree en la política monetaria del país. El presidente de Turquía está imponiendo, contra sus propios expertos (que están dimitiendo o han sido destituidos), una política que los economistas ortodoxos calificarían de absolutamente estúpida.
Tradicionalmente se considera que la inflación se combate (en lo que atañe a política monetaria) subiendo tipos de interés, porque esto dificulta la «alegría» en las operaciones económicas y reduce la actividad. De una manera más que sorprendente, el presidente Erdogan cree que no hay mejor modo de combatir la inflación que bajar los tipos. Va a contracorriente, y contra el sentido común. Naturalmente, ello estimula todavía más la actividad, en un país que comienza a parecer una economía alocada... y con ello se realimenta la inflación.
¿Cuál es el riesgo? Que los precios oficiales en liras sean mucho más competitivos traducidos al euro, como ya hemos dicho. Pero, también, que la inflación provoque una subida de precios en liras, y esto acabe neutralizando por completo la ventaja competitiva lograda.
Todo un desafío de cálculo para quienes trabajan mucho con producto importado de Turquía. Un país que actualmente es una enorme base de abastecimiento de textiles y ropa, considerada por Europa como una plataforma «de proximidad» frente a los grandes centros de producción en Lejano Oriente.
[Actualización de fin de año]. Poco después de que se redactase este contenido a mediados de diciembre, el lunes 21 de este mes el cambio de la lira turca frente al euro (y el dólar) alcanzó un mínimo histórico, tras depreciarse un 10% en un solo día. Sin embargo, en esa jornada se produjo un hecho novedoso, las declaraciones del presidente Erdogan anunciando un paquete de medidas extraordinarias. Por un lado, reducción de tasas e impuestos a las empresas con actividad internacional y facilidades de acceso a las divisas. Por otro, una garantía oficial que inspire confianza a los ahorradores sobre el valor de sus fondos en liras, mediante indexación al dólar de los depósitos de personas físicas, y una compensación estatal a quienes mantengan sus ahorros en la divisa turca durante un periodo determinado (al menos 3, 6, 9 o 12 meses), con lo que el Estado pagará la diferencia entre los intereses ofrecidos por los bancos y la depreciación de la moneda turca respecto al dólar estadounidense. Eso provocó una subida inmediata del valor de la lira, del 60% en un día, aunque seguía siendo un 40% más bajo que a comienzos de año. El empuje se mantuvo hasta Navidad, en que tocó techo, para volver a disminuir levemente.
Publicado en TEXTIL EXPRES - Boletín 794
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