
El día 11 de marzo, una parte de la industria catalana de la moda se sometió a una jornada de reflexión estratégica sobre su futuro, organizada por la Fashion Business School de la Universidad de Navarra, con la colaboración del IESE, y financiada por ciertas entidades públicas de la Generalidad de Cataluña. Asistían una cincuentena de jornadistas, la mitad representando a entidades corporativas, que eran las que impartían o patrocinaban las sesiones, y la otra mitad a dieciocho empresas del sector textil-confección catalán, pertenecientes prácticamente en su totalidad a la asociación patronal ACTM, destinataria del encuentro.
Por consiguiente se trataba, en el fondo, de una jornada de trabajo interna o, dicho de otro modo, una reunión de familia (aunque abierta a los medios de comunicación).
Abrió la sesión el consejero de Industria de la Generalidad de Cataluña, Felip Puig. Las sesiones académicas versaron sobre «Innovación: estrategia de negocio», «Moda y estrategia omnicanal», «La marca es un ser vivo: cómo alimentarlo», «El clúster: un entorno en el que colaborar para ser más competitivo» (desarrollado por Joan Martí, director de dinamización de clústers de la Generalidad de Cataluña), «Mentalidad digital del directivo» y, en la clausura, «Retos de la dirección estratégica para el sector de la moda», tema este a cargo de Fabrizio Ferraro, profesor de Dirección Estratégica.
A la mitad de este programa, en la sobremesa, Francesc Maristany, vicepresidente de comunicación del clúster hasta ahora conocido como ACTM, había presentado la nueva identidad adoptada por el mismo, de la que luego se hablará.
Entre las principales conclusiones de los intervinientes destaca el avance de las tecnologías digitales en la sociedad y la modificación que este avance está produciendo en los patrones de consumo, y que obliga a las empresas del sector de la moda a repensar el modelo de negocio y la relación con sus consumidores. La omnicanalidad como estrategia de acceso al nuevo consumidor fue una de las ideas transversales en las diferentes ponencias. También destacó la innovación, entendida como aquella actividad que ayuda a construir valor para el cliente y a mejorar los resultados de la empresa.
La evidencia de que la globalización nos impulsa a buscar consumidores interesados en nuestros productos a lo largo y ancho del planeta, tomando la precaución de evitar una excesiva dependencia de uno u otro mercado en nuestro negocio, o la importancia creciente de factores como la sostenibilidad y la responsabilidad social, fueron otras de las cuestiones tratadas durante la sesión.
Protagonismo de los clústers en Cataluña. Joan Martí describió a los clústers como herramientas de mejora competitiva para las empresas, en el entorno en que se inscriben. El tamaño no es un factor de definición, sino la eficacia funcional. Desde Cataluña podría crearse un clúster de moda de alcance mundial (y la afirmación parecía como un reto a que alguien lo intente). En el mundo hay ejemplos de enormidad, como el del clúster más grande para la reparación de yates, existente en Auckland. Pero lo que importa es el servicio integral que los miembros del clúster puedan darse entre sí; y la eficacia recíproca depende de la complementariedad: no de si son grandes o pequeños, ni de que todos hagan lo mismo, sino de que se perfeccionen los unos a los otros. Sólo así mejorarán la competitividad del conjunto.
Un clúster es semejante a una banda de jazz, en la que cada músico tiene su solo, su instante propicio para interpretar. Cada miembro del clúster tiene la ocasión de expresarse, de intercambiar aptitudes, de aportar ideas para perfeccionar proyectos, de compartir conocimientos, capacidad de gestión, servicios o recursos. Alguien puede tener ideas nuevas como la de aplicar un olor en el punto de venta que te incite a comprar. En Cataluña hay 25 clústers, que engloban a 1.200 empresas, y el 85% de ellas son pymes.
El caso de la ACTM tiene ciertas peculiaridades. En realidad el sector confeccionista catalán quedó sin representación orgánica formal cuando se disolvió, por insolvencia, el Gremio de la Confección de Barcelona, que era una estructura superviviente y operativa de lo que había sido el asociacionismo empresarial del antiguo régimen.
La ACTM es una asociación espontánea, de libre iniciativa, no institucional, y por tanto comprende y representa a las empresas que en su momento decidieron fundarla o que posteriormente solicitaron incorporarse y fueron admitidas. Se la puede considerar representativa del sector confeccionista de una manera genérica o simbólica, pero no de una manera formal o legalista (como sucede hoy día en el país con todo tipo de asociacionismo).
Desde el momento mismo en que se constituyó, la ACTM empezó a presentarse (digamos que por afinidad o simbolismo) como un clúster, sin que esa palabra forme parte de su razón social. La cultura del clúster, muy nueva, y evidentemente de origen exógeno, se va extendiendo por el asociacionismo más inquieto, pero todavía de una manera informal. A veces, sin llegar a entender del todo lo que el clúster significa.
Y ahora la ACTM se transformará en Modacc. El encuentro en el marco del IESE había sido pensado, en definitiva, para escenificar una mayor toma de conciencia del clúster por el textil-moda catalán.
En vez de Associació Catalana de Tèxtil i Moda (o su versión en castellano, que da la misma sigla), la entidad se llamará desde ahora Clúster Catalán de la Moda, lo que introduce dos cambios: sustituye el término «associació» por clúster, incorporando esta última expresión (que ya se empleaba de hecho) a la sigla o razón social, y suprime la alusión al textil, que implicaba un concepto más industrial, de fábrica, se dice que hoy día caduco (aunque este criterio choca con la voluntad actual del empresariado de reindustrializarse), quedándose sólo con moda, de una validez que alcanza a cosas más amplias que la ropa. Por otra parte se adopta la sigla Modacc, que parece corresponder a una inversión de los términos de la nueva razón social: Moda Clúster Catalán.
El grueso de las 125 compañías que componen la entidad asociativa actualmente se corresponde con marcas de ropa, pero existe la intención de ir incorporando otro tipo de empresas del sector, ya sean de joyería o de calzado, o de servicios como aprovisionamiento o logística (algunas ya figuran), que operen en la misma cadena de valor que la moda. Y se ha empezado por hacer polivalente la terminología.
No se ha hecho alusión por el momento a la posible incidencia que el nuevo nombre pueda tener en el Ministerio de Industria, organismo ante el cual la ACTM se acreditó a finales del año pasado en términos que fueran compatibles con determinados criterios de la Comisión Europea. Porque, clúster o no, hay que estar al tanto de las iniciativas y subvenciones que procedan de Bruselas.
[Publicado en TEXTIL EXPRES Suplemento 218 — abril 2015 ].
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