
Encuestas en los EE.UU. indican quejas de los consumidores por la pérdida de calidad y rendimiento de los jeans. El consumidor es muy exigente con esta prenda.
Jeans y denim son auténticos clásicos del mercado, pero actualmente su frontera se difumina, puesto que el denim sirve para confeccionar prendas que no debieran catalogarse sensu stricto en el mundo del jean, y, sobre todo, lo contrario es todavía más cierto: los cinco bolsillos se confeccionan hoy en denim o en otros tejidos. Y desde luego ya no son necesariamente azules.
La viveza creativa de la «galaxia jeans», un producto cada vez más incrustado en un sentido amplio del casualwear, es la que hace posible que sean un artículo de consumo tan generalizado en el mundo. Hay quien ama el clásico-clásico, fiel al modelo original, y hay quien opta por los modelos más revolucionarios, y mayoritariamente por acabados transgresores o desgarros meticulosamente trabajados, para que parezcan naturales pero a la vez no del todo fruto de la casualidad, sino puestos donde deben de estar.
Aun así, el mercado del jean conoce desde hace mucho tiempo profundos altibajos, que periódicamente hacen al sector hablar de crisis. La trayectoria del salón berlinés Bread & Butter, que pretende desligarse ahora de su fuerte comunión inicial con los jeans más «bold» o enérgicos, es un síntoma de los vaivenes de la industria. Que ni siquiera son uniformes por países, dentro de ese carácter cíclico.
La firma Global Industry Analists prevé que el consumo mundial de jeans alcanzará un valor de 56.000 millones de dólares en 2018, lo que es un dato muy saludable. Sin embargo, Cotton Incorporated reconoce que los fabricantes de denim y de prendas del ramo luchan contra un escenario de saturación.
En los EE.UU., los consumidores tiene como media siete pares de jeans en sus roperos, y esa cifra ha permanecido estable durante cinco años, lo que es particularmente llamativo por el hecho de que han sido años de recesión en el consumo. La pregunta es si no estarán prolongando la vigencia de los pantalones que ya tienen, puesto que el pico de demanda en aquel mercado se fija en el bienio 2005/06, cuando aparecieron productos premium que hallaron una gran aceptación.
Un informe de Cotton Incorporated de este año 2013 (Retail Monitor Survey), efectuado en los EE.UU., revela que está aumentando el peso que los detallistas conceden en sus tiendas a las prendas de línea más convencional (vestidos, faldas, pantalones de hombre tanto clásicos como sportswear) e incluso prendas de deporte activo, a costa de los jeans, cuya presencia en los lineales se reduce. Llamativa es en efecto la tendencia a sustituir jeans por prendas de deporte, exactamente iguales a las que se llevan en el gimnasio o en las prácticas de ejercicio outdoor, y que ahora se emplean en aplicaciones casual normales.
La razón de esa tímida desafección hacia los jeans no es un cansancio con respecto a la prenda, sino al hecho de que los productores (afirman los autores del estudio) y los detallistas han cedido a la presión de los mercados recesivos en lo tocante al precio, lo que se ha traducido en una pérdida de calidad y de rendimiento de las prendas. Aunque los usuarios de jeans pueden valorar la informalidad del artículo, le exigen mucho en términos de adaptación a la silueta y de respuesta a agresiones de uso y de lavado. Las encuestas muestran quejas sobre la pérdida de color excesivamente rápida, el encogimiento, la pobre capacidad de recuperación, y la retención de olores.
También en España la evolución del sector está sujeta a fuertes oscilaciones. La recesión de todos los mercados de consumo ha sido particularmente fuerte en nuestro país. Es muy curioso, sin embargo, que el máximo consumo aparente de pantalones de denim corresponda en nuestro país al año 2009, con un pico de casi 66 millones de prendas según cifras elaboradas por el Cityc con datos del departamento de aduanas y su propia información de producción. También lo es el hecho de que en todo el período 2009-2012 ese consumo haya permanecido por encima del dato de 2008, y claramente por encima de años anteriores, de manera que en nuestro caso el pantalón de denim no fue la prenda favorita de la década del boom económico, pero sí lo ha sido en los años de la recesión. Particularmente llamativo el peso que alcanzó sobre el mercado total de pantalones en 2012, de un 27%.
Es todavía más curiosa la comparación de esta trayectoria de ventas en unidades con la del mismo dato de consumo aparente de tejido denim en peso, en toneladas. Y lo es porque de 2009 a 2012 la cifra resulta claramente inferior a los datos de años precedentes. Es decir que el mercado de prendas sigue potente, pero el producto no se fabrica aquí (el consumo aparente de tejidos es el que realiza la industria confeccionista, por supuesto). La producción española de denim ha caído un impactante 72% entre 2005 y 2012, bajando de 13.320 a 3.755 toneladas. E igualmente lo ha hecho la exportación, que en varios años de ese período ha sido superior a la producción, por lo que en parte son re-exportaciones. Sin embargo, España permanece como segundo gran exportador de tejido denim en Europa, por detrás del gigante italiano, que realiza el 60% de las exportaciones de la especialidad, y seguido por Alemania, Grecia y otros.
Los jeans y, dentro de eso, la producción de denim, siguen teniendo un futuro seguro ante sí, lo que no implica que sea un camino de rosas. El equilibrio entre el precio justo para la demanda del mercado, y un rendimiento que no decepcione al consumidor, amén de un diseño tentador, es la clave para asegurar una demanda continuada.
[Publicado en TEXTIL EXPRES Suplemento 208 — septiembre 2013 ].
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