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La situación empeoró, después del atasco de Suez. No es conspiración, mala gestión, ni demanda insuperable.


A mediados de mayo, un fabricante de otro sector nos decía: «digan lo que digan, el tema de Suez todavía no está resuelto». Fue el 23 de marzo cuando el carguero de contenedores Evergreen encalló en el canal, y fue el 29 del mismo mes (seis días después) cuando, aprovechando mareas vivas, se logró devolverlo al curso normal de navegación. Unos 440 buques se habían acumulado en la cola del «atasco».

Pues bien, casi tres meses después, se afirma que el retraso medio que siguen sufriendo las expediciones desde algunos puestos de China, arrastrado desde el bloqueo del canal de Suez, es ya de 16 días. Es decir, bastante más que las jornadas de bloqueo de entonces.

Hay cosas que sorprenden. Seguro que las compañías de logística lo entenderán y explicarán bien, puesto que al final todo es un tema organizativo de flujos. Pero afirman que en el puerto chino de Yantian la terminal internacional de contenedores está funcionando al 40% de su capacidad. Teniendo en cuenta que la demanda es alta, y que en esa terminal, según dicen, hay una cantidad enorme de contenedores en espera, el problema ya pareciera que no fuese de falta de contenedores ni de capacidad de manejo de los mismos... sino de buques.

Si fuese un país europeo, sospecharíamos de una huelga de estibadores, como ocurrió con varios puertos españoles antes de la pandemia. Los conspiranoicos pueden imaginar que alguna autoridad china esté queriendo desestabilizar los mercados orientales y hacerles saber, como en cierto dicho, «lo que vale un peine» (o lo que podría pasar si la fábrica del mundo restringe sus exportaciones). Ah, pero no: el origen de todo estuvo en un brote de Covid-19, que paralizó los trabajos, por cuarentena, durante un tiempo indeterminado, ya que la información en China no se caracteriza por la transparencia.

Pero no es solo Yantian. Hay al menos cuatro puertos del Sureste de China trabajando de manera muy irregular: el propio de Yantian, en el extremo oriental de la «frontera» de Hong Kong, y también los de Shekou y Nansha (ambos muy próximos, en el extremo opuesto de la misma frontera hongkonesa) y Xiamen (unos 450 kilómetros al nordeste).

Hay numeroso producto hecho en China, por tanto, desde ropa hasta informática, que está aguardando ser embarcado. Lo que ocasiona además una paralización temporal de otros envíos en el mundo, ya que los contenedores estacionados en esos puertos no se liberan a tiempo para que dispongan de ellos otros despachos de mercancía, desde los distintos puertos en los mares del planeta.


TE 781. 28/6/2021


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