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En 1940, finalizada la Guerra Civil, retornados a Barcelona algunos modistos que habían buscado refugio transitorio en París (exceptuado Balenciaga, que prefirió sentar su sede definitivamente allí), la profesión reorganizó su actividad y, copiando precisamente el ejemplo de sus colegas franceses, organizó la Cooperativa de la Alta Costura Española, con sede en la capital catalana aunque con voluntad de ámbito nacional, presidida en principio por Pedro Rodríguez (que luego resultaría ser presidente vitalicio, hasta su propia jubilación en los años 80, coincidiendo con la práctica disolución de la entidad).

Durante muchos años, el «corpus» reconocible de la Cooperativa lo integraban los llamados «cinco grandes», tres de ellos con nombre personal de modisto (Pedro Rodríguez, Manuel Pertegaz, Asunción Bastida, hoy los tres fallecidos), y dos con razón social de taller de costura (Santa Eulalia y El Dique Flotante), a los que se fueron sumando nombres como Carmen Mir, Pedro Rovira y Rosser. La vida de la corporación fue decayendo, y los diseñadores que aparecen mencionados en una época posterior tienen un protagonismo de imagen bastante limitado.

Las dos últimas incorporaciones, reclutadas con ánimo de revitalizar la entidad, tuvieron lugar en los años setenta: fueron las de Elio Berhanyer y Pedro del Hierro, dos figuras prometedoras, pero ya sin aprovechamiento posible en el ámbito de una Cooperativa que se dirigía a su disolución. Del Hierro, con todo, pudo organizar su trayectoria tomando un rumbo acorde con la filosofía empresarial que él mismo había estado elaborando.

Había presentado su primera colección a la prensa, como diseñador independiente, en 1974, a la edad de 26 años. Fue dos años después, a los 28, cuando se vio convertido en el miembro más joven de la Cooperativa. Y a partir de ahí fue presentando colecciones de costura y creándose su propio prestigio en esa línea, pero manteniéndose en todo momento muy cercano al prêt-à-porter de calidad porque había comprendido muy bien que era en esa vertiente donde podían encontrarse soluciones comerciales de continuidad.

Su máxima llegó a ser: «hoy, la moda sin industria no es nada». Según él, «puedes mantener la Alta Costura con unas cuantas costureras y un taller muy pequeño, pero la moda tal como la concebimos hoy tiene que contar con la industria y todas las grandes marcas que hay en el mundo, todas, están perfectamente conectadas con la industria», en una coordinación indispensable para su comercialización.

Fiel a este pensamiento, en 1989, a la edad de 41 años, Pedro del Hierro negoció la incorporación de sus colecciones al Grupo Cortefiel (con el cual ya había estado operando comercialmente), en un momento en que el control de la entidad había pasado a manos de unos fondos de inversión británicos, y cuya operativa estaba siendo convertida en un poliedro de empresas-marca diseñadas para mercados específicos.

Como acabamos de decir, el diseñador español ya colaboraba comercialmente con Cortefiel. Y en la nueva estructura él mismo se convirtió en una de las piezas o caras de ese poliedro, incluido su propio nombre como marca, con su montaje creativo y comercial específico, igual que Springfield o Women Secret en otras divisiones, con el valor añadido en su caso de una identificación nominal de autor.

Los problemas del negocio estaban resueltos. Menos fortuna tuvo con su salud. En 2011, a los 63 años de edad, con 22 de historia común en el marco de Cortefiel, una dolencia cardíaca le obligó a retirarse de la actividad profesional. Esa misma dolencia le dio ahora el último sobresalto: Pedro del Hierro murió el día 3 de abril de 2015, Viernes Santo, a los 67 años, en su casa de Madrid. Su firma y su marca siguen activas en más de 20 países, porque la transformación se había hecho a tiempo.

La continuidad creativa, por otra parte, está asegurada. Cuando se jubiló en 2011, el Grupo nombró directora de creación para sus colecciones a la diseñadora Carmen March, cuyas funciones se mantendrán.

Se repite la historia de tantas firmas de costura de París que, años después de haber desaparecido los modistos que las crearon, siguen explotando el nombre comercial del fundador.

Nota final: está todavía entre nosotros, afortunadamente, el antecesor inmediato de Pedro del Hierro en la Cooperativa de Alta Costura, es decir, el penúltimo socio que hubo. Nos referimos a Elio Berhanyer, andaluz de nacimiento, madrileño de adopción, hoy retirado de toda actividad. El también intentó, como Pedro, transformarse de creador en empresario, pero no tuvo fortuna con el partner que encontró: una empresa fantasma del entramado de Cajamadrid, de la que vale más no acordarse.


[Publicado en TEXTIL EXPRES Suplemento 218 — abril 2015 ].


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