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Los dos grandes focos empresariales que marcan la máxima referencia de la moda como factor de riqueza y de prestigio en el mundo son franceses, y parecen estar por encima de todos los avatares, pero ello no quiere decir que su navegación sea siempre tranquila y exenta de preocupaciones. Estamos hablando del holding Christian Dior y del holding Kering, éste llamado hasta hace poco tiempo PPR.

El primero, que encarna el prestigio histórico del protagonista más legendario de la alta costura (como modisto y, a la vez, como hombre de negocios, circunstancias que raramente se dan al máximo nivel en una misma persona), tiene dos componentes básicos: Christian Dior Couture, donde pudiéramos decir que radica el alma, y LVMH, donde vibra el negocio (aunque ambos tienen cuentas financieras muy interesantes). Curiosamente es el segundo conglomerado el considerado principal exponente del lujo en el mundo, desde un punto de vista comercial.

Su evolución no siempre va pareja. En el ejercicio 2014-15, CDC tuvo crecimientos de dos cifras en sus diversos parámetros, ya fuera para la costura propiamente dicha como para la marroquinería, el prêt-à-porter de alto estilo, los accesorios o, en particular, la joyería; el avance global fue del 14%. LVMH creció también, en un abanico de negocios que es muy amplio (y de gran volumen), pero en algunos capítulos lo hizo con índices de una cifra. No por ello tuvo momentos de inquietud, en ninguna de sus parcelas.

El segundo holding, Kering, también francés en su estructura de cabecera, tiene sin embargo un alma más compleja, y una ramificación plurinacional; y, por otra parte, está llevando a cabo una reforma estructural de calado. Y es más sensible que Dior a los cambios de espíritu propios de los tiempos.

Al presentar el estado de cuentas del ejercicio anterior (2013), el presidente François-Henri Pinault había comparecido ante los medios informativos y financieros sin corbata, en un gesto considerado muy audaz para alguien que, como él, podía sentirse obligado a guardar ciertas formalidades de imagen relacionadas con el vestir, por encima de las veleidades de la moda. Pero ahora, para informar del año 2014, no sólo Pinault vestía informal, sino que también lo hacían el director general Jean-François Palus, y el director financiero Jean-Marc Duplaix. Lo cual podía ser, por otra parte, una forma de desdramatizar los contenidos, inevitablemente delicados, sobre los que iban a tratar.

Habiendo logrado quitarse de encima los últimos activos de distribución comercial (Redcats) que eran un lastre, las dos grandes divisiones del vestir de Kering, encabezadas por Gucci en lo que concierne a lujo (al frente de una docena de enseñas de primerísimo nivel) y por Puma en lo atañente a sport y lifestyle, han tenido que afrontar sendas reconversiones que inevitablemente se reflejaron en las cuentas de resultados, y en el ánimo de los equipos responsables.

Es posible observar, por otro lado, que, así como el espíritu del universo Dior es esencialmente francés en su totalidad, el de Kering debe responder a un abanico más amplio de sensibilidades, como ya hemos dicho más arriba, ya que el alma italiana de Gucci (y de la mayoría de las enseñas satélites que le rodean) ha de convivir con el alma alemana de Puma, dos formas de ver y sentir la moda, sin entrar en contradicción.

Gucci pasó el trance, en estos meses últimos, de relevar simultáneamente al director general, Patrizio di Marco, y a su compañera, Frida Giannini, directora artística, como Textil Exprés ya informó en los boletines quincenales; y ha podido hacerlo sin trauma para la continuidad del estilo.

En cuanto a Puma, Pinault ha asignado a esta marca cinco prioridades: reforzar el lanzamiento de la misma en la órbita deportiva propiamente dicha y entre la clientela femenina, particularmente para el calzado; acelerar la innovación de productos; proseguir el ascenso en gama de la distribución; optimizar la organización (sobre todo en cuanto a los flujos de aprovisionamiento); y atenuar el impacto negativo de las evoluciones de las divisas. La plataforma de desarrollo de productos lifestyle (que era una innovación reciente, considerada fundamental) ha sido suprimida, y la comunicación reorientada, dirigiéndose ahora a un universo «sportif pur et dur».

Esto quiere decir traicionar la idea esencial del concepto de lifestyle elegante (donde el concepto moda superara al concepto competición) por la que parecía haber optado Kering (entonces todavía PPR) cuando se apropió del gigante alemán.

Volver al deporte como un mercado específico, poniendo la moda a su servicio, y no al revés (que era lo que se había pretendido al comprar la marca Puma), es dar un giro de 180 grados en términos de estrategia. Y reconocer que, en cuestiones de negocio, el principio del rendimiento sigue siendo fundamental.


[Publicado en TEXTIL EXPRES Suplemento 218 — abril 2015 ].


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