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TEXTIL EXPRES – REVISTA 254
  • En materia de sostenibilidad ha habido mucho de «supremacismo ético», con poca base.
  • La moda sostenible ha tenido mercados de nicho, pero los nichos se están ampliando.
  • La emergencia de la «slow fashion» abre oportunidades para poner en valor calidad, sostenibilidad, singularidad, durabilidad.
  • En materia de sostenibilidad muchos aspectos del pujante comercio electrónico son netamente regresivos.
  • Sostenibilidad es sobre todo una actitud, una conciencia puesta a gobernar las políticas de la empresa.

Abrimos una nueva sección. Y usted también puede participar en ella.

La frase es clara, sencilla, no extraordinaria aunque tampoco frecuente, sino simplemente normal en una conversación como otra cualquiera. Quizá no requería una cita inicial a un recurso dramático, salvo para enfatizar su importancia. Pero a algunos nos gustan esos instrumentos narrativos. Si a usted le parece un exceso retórico, puede saltarse estos párrafos. Es la ventaja de un artículo escrito, frente a un vídeo, aunque también existe el «fast forward».

Lo que se nos viene a la mente es esa frase de la película «Sully», de 2016, dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Tom Hanks, que reproduce la investigación posterior al acuatizaje sobre el brazo del río Hudson del vuelo 1549 de US Airways, cuyos dos motores fueron destrozados por una bandada de gansos canadienses. Las pruebas en simuladores apuntaban a que los pilotos podrían haber regresado a un aeropuerto, sin poner en riesgo las vidas de los pasajeros ni destruir el avión en el impacto con el río. El comandante Sullenberger («Sully») pide, en cierto momento, seriedad. «Can we get serious now?» No simulemos a partir de parámetros de guion, sino conforme a las circunstancias de un suceso real, con decisiones humanas sobre una incidencia grave nunca antes padecida, y acerca de la cual no hay manuales de referencia.

¿Qué hacer cuando todo falla? En su caso, básicamente improvisar. En el que nos incumbe (la sostenibilidad), no. Aquí hay que planificar. Aunque también es cierto que se improvisa, haciendo camino al andar, porque lo fundamental es una actitud, y ella es la que va determinando los pasos a seguir.

Decimos que, en materia de sostenibilidad, y particularmente en el mundo de la moda y la cadena textil, es hora de ponerse serios. Y es que hasta ahora hemos vivido mucho de poses (dentro de la industria) y de dramaturgia (desde el bando de los activistas ajenos al sector).

Aquí, en Textil Exprés, hemos expuesto en varias ocasiones algunos puntos que entendíamos cruciales en el discurso de la sostenibilidad en el textil.

Por un lado, el sector ha vivido demasiado tiempo el espejismo de que la sostenibilidad proporcionaría competitividad a las empresas más desarrolladas, por comparación con las de los países de bajos costes hacia los que se deslocalizó primero la manufactura de confección, y después la mayor parte de la cadena de suministro.

La industria sobrentendía que el «primer mundo» era el guapo e inteligente, más que nada porque sus Gobiernos desplegaban legislación contra las actividades causantes de polución ambiental. Y todos sabemos que en el inicio de la deslocalización parte de la costura se realizaba en talleres insalubres, con riesgos laborales, y con ejecución de vertidos contaminantes. Para ser exactos, todavía queda mucho de eso, particularmente a medida que los centros mundiales de la subcontratación se van trasladando a nuevos escenarios, pero la cadena de suministro ya no responde por completo a esa caricatura.

De todos modos, y en términos generales, es decir, en un marco más amplio que el de la industria del textil/vestir, sigue habiendo una nota de supremacismo ético en lo que atañe a la sostenibilidad, por aquello de que es Europa la que lidera la batalla, por ejemplo, contra el calentamiento global (rebautizado como «cambio climático») y su requisito ineludible de «descarbonización», mientras que otras economías en desarrollo más cercanas al capitalismo primitivo siguen siendo (o lo han sido hasta hace muy poco) más reacias a abandonar los combustibles fósiles. Ese supremacismo ya no nos vale, si es que alguna vez tuvo (dudoso) fundamento.

En este punto sigue habiendo flagrantes contradicciones y paradojas, como puede verse en un suelto anexo a este artículo. Eso no obsta para los hechos sean «tozudos»: el planeta se recalienta, y los océanos se cubren de plásticos (y las aguas de río de microplásticos, que nos bebemos), y todas esas cosas y otras muchas parecidas e igual de graves (como la generación de grandes volúmenes de residuos de pésima regeneración natural) requieren no solo atención, sino acción inmediata.

Sin embargo, muchas actuaciones de las distintas industrias han tenido mucho más que ver con el gesto y la postura que con un compromiso real; entre otras cosas porque, hasta ahora, ser sostenibles era sinónimo de ser caros, y los grandes mercados de consumo se han mostrado extraordinariamente sensibles al precio, y solo actoralmente sensibles a la salvación del planeta.

Qué quiere decirse con esa expresión: «actoral». Que el consumidor a menudo se ha centrado en la actuación escénica, mientras que la verdadera sensibilidad no se evidencia ni mostrando una pancarta ni respondiendo a una encuesta, en la que te declaras partidario de adquirir artículos más ecológicos, sino en la cesta de la compra, dejando efectivamente de escoger artículos más baratos en el preciso momento en que se presenta la opción de adquirir, en su lugar, piezas equivalentes pero con mayor carga de sostenibilidad, incluso si son más caras. Es algo que las industrias que optan por el camino correcto deben asumir y, a su modo, superar.

Concretamente en moda, pero también en muchos otros sectores, el consumo de masas está vinculado al precio, tanto por razones de presupuesto como por voluntad de renovación frecuente, apostando por lo barato aunque se suponga que durará poco (porque, en moda, nadie quiere actualmente prolongar la vida de su ropero... a menos que llegue un confinamiento), antes que por aquello que es de calidad, durable, y ecológico, si cuesta «demasiado».

En dirección opuesta, la moda sostenible ha sido durante mucho tiempo un mercado de nicho, en el que ciertas marcas pueden medrar, pero que no deja mucho espacio para un sector de grandes números en cuanto a empresas, empleo y necesidades de facturación. Porque no estamos hablando de artesanía, sino de una de las primeras industrias del planeta.

Todo es modulable, y sobre todo cambia con el tiempo. Por lo que esos «nichos» están siendo cada vez mayores, así que las oportunidades de negocio son crecientes. Pero en el grueso de la tarta, durante años el mercado ha seguido moviéndose por precio y por tendencias de autogustarse, que es lo que en el fondo ha movido siempre (esto último: gustarse a sí mismo, y por supuesto gustar a los demás) a lucir atuendos. Este es un hecho largamente conocido, y lo reiteramos en distintos lugares, también de este número de Textil Exprés.

En ese sentido, la crisis provocada por la pandemia de Covid-19 en el sector de la moda ha venido asociada a un fenómeno con dos derivadas contradictorias y en plena tensión entre sí.

El meollo del asunto está en la pérdida de velocidad de renovación de los roperos. No es propiamente una «consecuencia» de la crisis, sino el efecto de las medidas contra la pandemia (confinamientos, limitaciones a la vida social en exteriores), y a su vez un agente causal de la crisis de ventas. Puede verse otra nota al respecto en este número de Textil Exprés, aunque ya había sido abordado en otros análisis anteriores a propósito de la «coronacrisis».

Esa pérdida de velocidad permite al sector abrigar esperanzas sobre una emergencia real de la «slow fashion», que ponga en valor otros atributos de las prendas, antes que un mero precio bajo orientado a renovación rápida. ¿De qué atributos hablamos? Calidad, sostenibilidad, quizá singularidad, acaso durabilidad.

En el plato opuesto de la balanza está el auge de la venta online, cuyos principales pilares son la conveniencia y la oferta de precio, y que además incurre en prácticas de absoluta insostenibilidad, como es el abuso de la logística de corto recorrido (multiplicación exponencial de los trayectos de «última milla») y de la logística inversa. En definitiva, en materia de sostenibilidad muchos aspectos del pujante comercio electrónico son netamente regresivos. Por lo que plantean desafíos a resolver.

Pero también hemos visto la emergencia de una cara nueva de «sostenibilidad», que abre oportunidades de negocio interesantes pero de posible impacto negativo sobre la actividad productiva, como son el alquiler y el mercado de segunda mano. Sobre ello ya hemos hablado en Textil Exprés, y posiblemente haya que hacerlo en el futuro desde nuevas perspectivas.

En todo caso, si el sector ha vivido en el pasado un espejismo sobre las oportunidades comerciales de la sostenibilidad... las cosas estén cambiando y sí que se abren algunas ventanas prometedoras.

Otro aspecto grave de aquel enfoque erróneo de la apuesta por la sostenibilidad, como presunto factor competitivo, fue la mala imagen generada durante el lanzamiento de la apuesta. De alguna manera, el textil (y esto lo hemos dicho repetidas veces, todavía con una mención en el especial sobre «El gran reinicio del textil») ha logrado atraer sobre sí mismo la atención de todo el mundo, que actualmente lo califica como uno de los sectores más contaminantes del planeta. En torno a ese extremo hay algo de debate, y algunos defienden la tesis de que existe mucha exageración al respecto. Véase una nota separada en este número de Textil Exprés. En cualquier caso, se trata ya de una afirmación asumida por todos, desde las autoridades hasta los consumidores. Durante 2022 veremos ya, seguramente, cambios en el marco normativo de la UE que conllevarán actuaciones necesarias, obligadas, dentro del sector textil/moda, para corregir el impacto medioambiental de esta industria.

Decíamos en el especial «Gran Reinicio del Textil», hace pocos meses, que la Sostenibilidad ha dejado de ser una opción, para convertirse en una exigencia. Dentro de ello, no solo es lícito sino digno de aliento compartir con el mercado, la cadena de suministro y la sociedad, los logros que las empresas del sector vayan sumando en la adopción de una política REAL de sostenibilidad. De ahí que invitamos a «ponernos serios».

Sostenibilidad, como decíamos, es ante todo una actitud, una voluntad, un «ponerse en modo sostenible», de forma que las distintas decisiones de empresa estén presididas por el compromiso medioambiental. No es necesario que la industria adopte un estilo mesiánico salvaplaneta, pero sí lo es que piense en cómo reducir el despilfarro de recursos finitos y contribuir a dejar a las generaciones futuras una Tierra habitable y no esquilmada. Una conciencia puesta a gobernar las políticas empresariales.

Algunas de las decisiones que se tomen tendrán ventajas directas, además, para la economía de las empresas. Es lo que sucede con la autogeneración de electricidad empleando fuentes de energía renovables (paneles solares), o con las medidas que aportan una mayor eficiencia y, por tanto, un menor consumo relativo de energía, de agua, o de otros ingredientes del proceso productivo. Otras actuaciones permitirán crecer en esos mercados-nicho que, lejos aún del tamaño económico de la moda rápida, ya hemos constatado que están en expansión.

Por otro lado, comunicar todos esos avances individuales tendrá como consecuencia mejorar la imagen de las empresas ante sus clientes, intermedios o finales; aparte de que en algunos casos comunicará, sencillamente, que se está en la vanguardia del cumplimiento de las directivas, actuales o futuras, de las autoridades que velan por la descarbonización y la sostenibilidad.

Sobre todo, lo que importa es informar al mercado sobre iniciativas de sostenibilidad fiables, documentadas, apoyadas en datos, y no meras palabras bonitas. El postureo puede confundir y quizás engañar al mercado durante algún tiempo, pero Sostenibilidad es equivalente a Compromiso. Aquí no se trata de vender más, sino de vender bien. A veces, a costa de cierto sacrificio de otras metas empresariales. Pero indudablemente con un retorno.

Textil Exprés abre un canal nuevo de comunicación para que las empresas del textil/moda puedan comunicar estos logros. No somos únicos. Hay otros medios en distintos ámbitos que lo hacen. Sí que creemos que ofrecemos una vía interesante, que debe caracterizarse por el rigor, y no por la gesticulación. Vamos a comenzar despacio, y vamos a progresar con ustedes hacia un cuerpo informativo de sostenibilidad textil. Pueden aprovecharlo. Contacten con nosotros, si desean formar parte de esa vanguardia de la sostenibilidad textil, en Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

© TEXTIL EXPRES


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