El mensaje de estos meses recientes ha sido el siguiente: esto podría durar un poco más de lo previsto.

Un pequeño «rally» (ese vocablo que los analistas de Bolsa utilizan cuando los inversores corren a comprar acciones) se produjo, en lo tocante a Inditex, a lo largo de diciembre. A comienzos de ese mes, el título se cotizaba en torno a los 28 euros. Para el día 27 ya estaba a más de 32, con una revalorización del 14%. Es una buena rentabilidad. No resulta fácil ganar tanto dinero en un solo mes.
Con pequeñas oscilaciones, ese nivel se mantuvo hasta el 19 de febrero. A partir de ahí, comenzó a caer. Para el 4 de marzo, había regresado al valor de primeros de diciembre, pero luego se precipitó hasta los poco más de 20 euros del 16 de marzo.
¿A qué viene este análisis bursátil? Pues viene a cuento de la confianza en el retail de moda.
Sí, podemos hablar de las diversas catástrofes vividas recientemente en los EEUU. Pero allí alguien podría argumentar que ya había una «crisis del retail» (recuerden la alarmante expresión del «Apocalipsis» acuñada por la prensa local), no sabríamos decir si «larvada» o «manifiesta», a la que el coronavirus ha añadido un fulminante disparador de la explosión. Mientras que aquí tenemos empresas de retail ágiles, con mucho talento al frente, que llevan gestionando los cambios con bastante acierto desde hace años.
E Inditex es un buen ejemplo. ¿Que viene la ola del online? Se enganchó a la onda quizá un poco tarde, pero lleva ya trece años reorientándose hacia el modelo omnicanal. ¿Que no todas las tiendas físicas son igual de rentables? Ya hace tiempo que comenzó a aligerar ladrillo, y en eso sigue. ¿Que una base de producción pierde competitividad? Cambia con rapidez sus fuentes de suministro.
Vamos, yo creo en la capacidad de gestión, sobre todo estratégica, de medio plazo, del grupo gallego. ¿Usted no?
Basándose en ese conocimiento de Inditex, un inversor que hubiera apostado 10.000 euros el 16 de marzo comprando acciones del grupo, diez días después habría ganado 1.900; y, aunque por unos días volvió a bajar, si hubiera aguantado sin temblarle el pulso hasta el 14 de abril, habría ganado 3.000. Bonito beneficio para un solo mes. ¡Era el momento de retirarse y cobrar ganancias!
De abril a junio, la trayectoria fue en «U», entre 21,7 y 26,9 euros. Pero a esas alturas ya se supo que los efectos de la reducción de consumo ligados a la pandemia iban a tener larga duración. Así que la cotización se ha movido posteriormente en un plano bastante estable, ligeramente descendente, en el entorno de los 23 euros. Es decir, a la cotización media de 2014 (aunque puntualmente haya marcado ese valor también por en medio).
Disculpen esta larga narración bursátil. Lo único que queríamos es traerles una historia de confianza inversora en una empresa.
La curva es parecida también en H&M. No en el histórico de largo plazo, pero sí en la estabilización desde junio a niveles inferiores a los de febrero (en este caso, un 31% por debajo de febrero).
También los analistas, esos que pronostican cotizaciones-objetivo para aconsejar que los inversores compren, vendan o mantengan, están haciendo ahora confluir sus previsiones (siempre con algún discordante), y afirman que la recuperación de los grandes del retail de moda puede tardar más de lo que algunos habían previsto.
Y no son sólo los grandes. Es todo el mundo en el comercio de ropa, cotice o no en bolsa, sea grande, mediano o pequeño.
En España particularmente la campaña de primavera-verano ha sido pésima. Acotex ha venido dando cifras, pero particularmente creemos que nos movemos en estimaciones poco relevantes. Es difícil de calibrar cuánto negocio se ha perdido por desabastecimiento de tiendas, y cuánto por invendidos de stock en el comercio, y en cuánto han fracasado las rebajas... así como cuánto ha aumentado la venta online.
Han proliferado los datos, muchos de ellos de fuente interesada (como las abundantes noticias con encabezado tal como «crecen un tropocientos por ciento las ventas de ropa online», para informar después que determinada tienda online es la mejor disponible en el mercado), es decir, con presuntas informaciones presentes que esconden predicciones de autocumplimiento inducido. Lo único cierto es que nadie mide bien todavía las ventas online, en parte porque los actores del e-commerce tienen en sus datos y métricas una de sus mayores riquezas, que no les agrada compartir.
Sí que sabemos también que no todas las líneas de ropa y calzado han evolucionado mal... o no tan mal. Empresas de líneas «casual» y sport informaron que la costumbre del teletrabajo les está beneficiando, ya que la gente quiere estar cómodamente vestida en casa. Pero la cuantificación es poco fiable. Lo que sí que es evidente es que en España ha habido comercios que no han reabierto tras el confinamiento, y que la catástrofe de la campaña turística ha reducido a añicos la venta a extranjeros que solía hacerse en verano, tanto la de nivel medio-bajo orientada a las oportunidades en rebajas, como la del turista de posibles que recorría las tiendas de moda de lujo en las diversas «millas de oro» del país.
La proliferación de rebrotes ya en pleno agosto probablemente habrá hecho que los protagonistas del sector sean más cautos en sus compras para la temporada próxima... que, recordemos, a efectos de cadena de suministro es la de primavera-verano 2021; lo que seguramente se sumará a unas compras igualmente conservadoras para la temporada inmediata (otoño-invierno 2020-21), formuladas en plena crisis pandémica. Naturalmente, hablamos del calendario de la ropa, puesto que el de los tejidos va un semestre por delante.
En ese contexto, lo que vamos a ver en los próximos meses es una combinación de políticas de gestión de compras, a lo largo de toda la cadena. Algunas de ellas, en fuerte tensión o, por así decirlo, contradicción.
Por ejemplo, se buscará la minimización de costes ante la atonía del mercado: si no hay demanda, hay que atraer al cliente, y la forma más fácil es la oferta de precio. Pero todo el sistema se resiente de un problema de escalas: cuando los volúmenes disminuyen, mantener márgenes es más difícil.
En el comercio esto va a elevar el stress en el mercado de locales. El precio del metro cuadrado será tanto más oneroso cuanto menor sea la venta por metro cuadrado.
Pero en la cadena de suministro también tensará la situación de proveedores. No son descartables procesos concursales y cierres, y esto no se ciñe sólo a nuestro país sino a países que constituyen bases productivas esenciales del sistema mundial de la moda.
Por otro lado los costes más bajos siguen estando en ultramar, pero los avisos que ha dejado sobre el sector la ruptura de cadena de aprovisionamiento en el pasado final del invierno, sumados a la incertidumbre de consumo y las necesidades que impone de agilidad de respuesta, aconsejan volver a bases de producción de cercanía. Es algo, por ejemplo, que beneficia a Portugal, un país del que algunos estaban comenzando a alejarse en busca de costes inferiores.
Todo esto es un amplio paisaje dibujado a trazo grueso de pintor impresionista. Pero son algunos de los enmarañados ejes que están configurando el panorama actual, tanto de la distribución como de la industria, y su marco de trabajo.
Volviendo al ejemplo bursátil que nos ha dado pie a las reflexiones, en nuestra humilde impresión Inditex sigue siendo un caso que inspira confianza. Pero todo el mundo intuye que la economía en su conjunto ya no promete una reactivación rápida... y que el mundo de la moda contenía contradicciones y factores críticos que la pandemia ha acentuado.
Quien esto escribe no cree demasiado en los planteamientos radicales de «un antes y un después», pero las cosas están cambiando y los desafíos se han hecho más importantes y, para algunos, urgentes. También es cierto que hay en el sector mucho talento, capaz de afrontar este conjunto de problemas. El éxito dependerá, en parte, de eso. Pero también de factores difícilmente calibrables, así que no puede excluirse un componente de simple azar.
Publicado en TEXTIL EXPRES - Revista Número 250 - Septiembre 2020
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