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ARTÍCULO PRIME

 

Italia quiere aplicar políticas de relocalización.

Según Claudio Marenzi, presidente de la organización empresarial Sistema Moda Italia, las previsiones para 2016 se pueden considerar moderadamente positivas, aunque no se puede olvidar la ralentización de China y la realidad de una Europa relativamente estancada salvo en el caso del Reino Unido. En una época de turbulencias, la rápida sucesión de altos y bajos no hace ningún bien a la industria, aunque Italia sigue teniendo en su mano una excelente baza: su etiqueta «Made in Italy» que todo el mundo quisiera poder esgrimir. La industria final va mejor que la de cabecera, pues las exportaciones de hilados y tejidos han retrocedido un 2% mientras las de producto final (confección y accesorios) progresaban un 10%.

Algunos sectores del empresariado piensan en diseñar una nueva geografía del textil italiano, ya sea ciñéndose al ámbito de la Italia estricta, ya pensando en la cuenca mediterránea. Habría que diseñar proyectos piloto, como el que desde hace algunos meses está siendo ensayado con éxito por el textil sedero Ratti y el confeccionista Herno, financieramente sostenidos por Unicredit, el mayor banco de Italia.

El textil italiano quiere invertir en dos direcciones: innovación tecnológica y desarrollo duradero. El hilador Lineapiù de Prato y el especialista del punto Maglificio Miles acaban de lanzar conjuntamente una técnica de estampación por láser en tres dimensiones, pensada para el sector del género de punto.

El hilador Marchi & Fildi quiere por su parte presentar en la escena el sistema Ecotec, una nueva tecnología de producción de hilos de algodón a través del reciclaje de desechos algodoneros procedentes de la confección de todo el mundo, especialmente de Asia. El desecho algodonero recogido en una plataforma logística de Bangladesh es recuperado en una planta de hilatura de algodón en Biella, con notables ahorros de energía y agua, en relación con el circuito tradicional de la industria algodonera. La primera colección Ecotec (tal es su marca) ha sido ya presentada en la edición de Première Vision que acaba de tener lugar en París. Evidentemente, aunque se trate de un reciclaje se jugará a fondo el concepto de Made in Italy, que será el que marque su nivel de excelencia.

Son ejemplos muy singulares, pero Marenzi querría convertirlos en modelos de posible acción, susceptibles de generar un entramado de colaboraciones.

 

Francia acomete un autoexamen en profundidad.

En cuanto a los círculos franceses de la moda, desde los más pragmáticos hasta los más soñadores, han comenzado el año 2016 con una sacudida, provocada por un informe sobre la situación de su sector, realizado por la brillante ensayista Lyne Cohen-Solal y remitido a comienzos de año a los Ministerios de Cultura y de Economía, e inmediatamente después a un conjunto de estamentos e instituciones. Una serie de personalidades de la política y del mundo económico se sintieron de inmediato implicadas en el marco de reflexión que el trabajo, titulado «La moda, industria de creatividad y motor de crecimiento» había venido a suscitar.

La ministra de Cultura, Fleur Pellerin, y el ministro de Economía, Emmanuel Macron, habían estado en el origen del movimiento, ya que fueron los que incitaron a Cohen-Solal a acometer el trabajo; y, cuanto dispusieron del instrumento, les faltó tiempo para hacerlo circular en sus propios Departamentos y remitirlo a las estructuras empresariales concernidas. Entre los grandes implicados están ya Daniel Wertel, presidente de la Federación Francesa del Prêt-à-Porter Femenino; Alain Moreau, copresidente de la Unión Francesa de las Industrias de la Confección; Xavier Clergerie, cofundador del salón Who’s Next, y actualmente uno de los cerebros más activos en los círculos profesionales del sector textil; Dominique Jacomet, director general del Instituto Francés de la Moda; Xavier Royer, director de formación de la Unión Industrial Textil; y así una larga cadena.

Para poder trabajar con eficacia, sumando energías, y no dispersándolas, Cohen-Solal cree que se debería empezar por simplificar las estructuras corporativas de la industria de la moda, suprimiendo asociaciones o federaciones, porque conservan los andamiajes puestos en juego cuando tales organizaciones se crearon, con miles y miles de empresas en cada especialidad, la mayoría de las cuales ya no existen. Cohen-Solal cree también que las estructuras del sistema formativo (académico o de oficios) deben ser igualmente modernizadas, haciéndolas semejantes a las de otras carreras que combinan la vertiente técnica y la artística (por ejemplo arquitectura), con el rigor de sus licenciaturas, sus masters y sus doctorados. En este sentido, se buscan referencias en los métodos de formación y titulación británicos, flamencos y holandeses.

El informe entiende, por otra parte, que hay actualmente en Francia un desfase entre la realidad del sector de la moda y la percepción que de él tiene el propio país. Francia sigue siendo un líder mundial, y no se dice (o quizá no se cree) lo suficiente. O quizá se piensa que, hoy día, ya no es un patrimonio muy importante.

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[Publicado en TEXTIL EXPRES Suplemento 224 — abril 2016 ].


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