Sea por cambios en los hábitos sociales, o por presiones de las circunstancias económicas, las pautas de comportamiento de los españoles en relación con sus uniones matrimoniales están sufriendo una acentuada transformación. En el año 1976 se celebraron en el país casi 260.000 casamientos, un récord histórico, pero en 2004 fueron 214.300, y en 2011 (el último año) no pasaron de 164.500. Se han «perdido» alrededor de 95.000 bodas anuales en una horquilla temporal de 35 años, o bien alrededor de 50.000 en el breve término del último quinquenio. De seguir así, es posible que en 2020 se lleven a cabo menos de 100.000 casamientos.
Al mismo tiempo la edad media de los contrayentes aumenta ostensiblemente (es ya de 35,9 años para los hombres, y de 31,3 para las mujeres). En términos de gasto, éste disminuye porque hay menos ceremonias —como acabamos de ver en el párrafo anterior— y su ejecución se ralentiza porque las que hay se retrasan. También ocurre que desde el año 2010 las bodas civiles sobrepasan a las religiosas (en ese ejercicio supusieron el 57% de las celebradas), aunque la austeridad de gasto observada últimamente no se debe a la ausencia de solemnidades de culto sino a la sobriedad presupuestaria impuesta por la crisis para el conjunto del evento, incluido desde luego el capítulo del vestido de la novia.
Como en tantos otros sectores, el remedio contra las estrecheces internas podría ser, al menos en alguna medida, salir al mercado internacional; lo cual no siempre resulta fácil para el común de las empresas.
Según datos de Pronovias, en el mundo se celebran 27 millones de bodas cada año, y alrededor de 7 millones de las novias se casan con vestidos occidentales de prêt-à-porter (es decir, como los que la propia Pronovias hace). Las clases medias de todos los continentes están accediendo cada vez más a ese nivel de consumo y de gusto, aunque en esta materia habrá que tener también en cuenta condicionamientos culturales.
La firma líder del sector en España es Pronovias, con una facturación de 168 millones de euros en 2010, seguida por Rosa Clará con 35 millones, y por Jesús Peiró con 3,2 millones, según datos de Deloitte (fuentes de Clará dan 70 millones, pero puede que se refieran a un momento posterior, pues ha tenido un crecimiento importante). El resto de las firmas del sector se mueve a unos niveles individuales de negocio poco significativos, en cuanto a posible protagonismo internacional. El caso de Pronovias es excepcional: exporta el 72% de su producción (es decir, 121 millones de euros en 2010); y parece ser que el porcentaje de exportación de Clará es del 26%.
Entre el mercado nacional y el exterior, Pronovias está presente en 4.800 puntos de venta multimarca, en más de 75 países. Por otra parte posee 200 tiendas monomarca, de las que 93 son propias y 107 franquiciadas, en una treintena de naciones. En 60 de ellas, el grupo tiene también la propiedad de los inmuebles, gestionados por una filial inmobiliaria, con un valor neto contable de 150 millones de euros.
En los últimos tiempos, Pronovias se ha instalado en Méjico, Santiago de Chile, Río de Janeiro, São Paulo, Tokio, Seúl, Qatar, Turquía, Arabia Saudí y Jordania. En lo que resta de este año completará un programa de 30 tiendas, que incluye aperturas en Venezuela, Ecuador, Rusia, Rumania y Turquía.
El sector español de moda nupcial supone una facturación de 1.300 millones de euros anuales, con 700 empresas que emplean a 15.730 trabajadores y representan el 15% del valor del textil nacional.
[Publicado en TEXTIL EXPRES Suplemento 201 — junio 2012 ].
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