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ARTÍCULO PRIME

En 2012, Brioni se incorporó al grupo francés de lujo Kering. Esto representaba la culminación de una historia, si bien se producía en un momento de cierta inseguridad por la crisis económica general, que había afectado también a la firma de sastrería (la cual intentó entonces, sin éxito, extenderse a la moda de mujer). En el momento de su incorporación a Kering, Brioni tenía 1.500 asalariados y facturaba 170 millones de euros.

El presidente de Kering, François-Henri Pinault, hizo en aquel momento entusiastas predicciones para la nueva compañía incorporada a su grupo, la cual, sin dejar de ser la especialista indiscutida del vestir masculino formal, debería extenderse a sectores tales como el sportswear, el leisurewear y los accesorios. Pinault contrató a un nuevo director artístico, Brendan Mullane, inscribió a la firma en los desfiles de Milán para presentar un universo completo (incluso joyas), propuso un nuevo concepto de distribución y multiplicó la apertura de boutiques. Pero no ha conseguido captar a nuevas categorías de consumidores, y su clientela habitual, que se mantiene, ha reducido mucho el nivel de consumo. El comportamiento de los consumidores de alta sastrería no guarda ninguna relación con el pasado.

La producción de las fábricas de Penne ha bajado de las 70.000 unidades anuales de su época dorada a las 42.000 en 2015 (con una previsión de 30.000 para el actual ejercicio). En consecuencia, la dirección de la compañía ha organizado una reducción escalonada de la plantilla, en las unidades de producción, a lo largo del año, con un sistema de bajas que sea lo más respetuoso posible (aunque inevitablemente duro) con el personal histórico, y que procure mantener operativas en todas las fábricas algunas de las unidades que en el pasado dieron la calificación de lujo a la firma. Algunas decenas de diseñadores, de sastres y de técnicos que son los guardianes del savoir-faire deberán permanecer en la compañía. Se cerrarán, en cambio, muchos de los puntos de venta (reduciendo la red de distribución).

Entre tanto, el caso Brioni se ha ido convirtiendo, a lo largo de la parte transcurrida de este año, en un tema de debate nacional, porque la firma, en sí misma, era un símbolo. Cabría ahora discutir sobre si fue un error enajenarla «al francés», pero será más realista pensar que es el concepto sartorial histórico el que ha llegado a su fin.


[Publicado en TEXTIL EXPRES Suplemento 224 — abril 2016 ].


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