El fundador quiere que sea como el Tesla o el Apple de la ropa esport.
Lograr una prenda que no absorbiera el sudor sino que lo evacuase, que regulara la temperatura, que, al no empaparse, no pesara, es decir, que no limitase de ninguna manera la práctica del deporte. Esa fue la idea original de Kevin Plank, por entonces deportista que jugaba a fútbol americano, esa especie de rugby modificado, en la que los jugadores llevan una semi-armadura sobre las prendas textiles. A lo que en realidad aspiraba era a suplir su nivel medio de juego con una ventaja competitiva: el confort y la ligereza, frente a otros jugadores empapados y pesados.
Fue uno de esos emprendedores que se ajustan al mito de la empresa nacida en el garaje, en este caso de la abuela. Plank puso en marcha su proyecto a los 28 años, en 1996, y de ahí nació Under Armour. La marca ya no se limita a camisetas secas para deportistas, pero su concepto es el mismo. Actualmente aplica las tecnologías Coldgear, HeatGear y AllSesasonGear, que te mantienen seco y caliente en invierno, seco y fresco en verano, o simplemente seco en cualquier temporada. Plank montó la empresa con unos 18.000 dólares que obtuvo vendiendo flores y ahorrando. Ahora Under Armour factura cerca de 6.000 millones de dólares.
Plank estuvo hace poco con una redactora del diario Expansión. Le contó estas cosas y muchas otras. Y, entre ellas, dijo que Under Armour tiene que ser como el Tesla o el Apple de la ropa esport. Ahí es nada.
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