Ya tenía problemas a finales de la década anterior... y lo que entonces parecía una solución acabaría resultado fatal.
Constituida en 1998, la sociedad Neck Child, SA, con sede en San Fernando de Henares, Madrid, ha sido durante más de veinte años un activa protagonista en el sector de moda con su marca Neck & Neck de moda infantil (niño, bebé, recién nacido). La familia propietaria también ha tenido protagonismo en las labores corporativas, siendo en la actualidad su hasta hace poco consejero delegado, Eduardo Zamácola, también presidente de la asociación del comercio textil Acotex. Su cadena de tiendas llegó a contar con unos 200 puntos de venta, y presencia en el exterior, en países como Portugal, Italia, Méjico, Uruguay, Perú, República Dominicana, Guatemala, Arabia Saudí o Emiratos Árabes.
La moda infantil es quizá una de las más castigadas por la evolución demográfica y económica, desde hace ya algún tiempo. Neck & Neck, presionada por el peso de la deuda, decidió a finales de la pasada década acometer una reorientación: basar su crecimiento más en el mercado exterior, aunque aumentando presencia en El Corte Inglés; cerrar tiendas no rentables; y reposicionarse hacia públicos de mayor poder adquisitivo. El cambio de modelo se inició en 2017. Poco después, en 2019 renegoció deuda con acreedores de la banca (Santander, Deutsche, Bankinter y otros), en un acuerdo con intervención judicial, que entonces pareció bueno pero que pronto se revelaría fatal, ya que en estas llegó la pandemia... y por su situación financiera no pudo acogerse a créditos avalados por el ICO.
Si los confinamientos y las restricciones a la apertura de las tiendas al público afectaron en general de manera grave al comercio de moda, Neck & Neck sufrió particularmente, y de hecho no logró reponerse a su término. En 2018 facturó 16,5 millones de euros (ahora se ha publicado en medios la cifra de 20 millones, pero no es la que figura en las cuentas del Registro). En 2019, 14 millones. Carecemos de datos registrales para 2020, pero se apunta a una caída de ventas ligada a la pandemia del orden del 50%, por lo que la facturación habrá rondado los 7 millones. Las últimas cuentas registradas, correspondientes a 2021, arrojaron ventas por 5,8 millones, con un resultado de 2,2 millones de euros en pérdidas. Es decir que, por cada euro facturado perdía 38 céntimos.
En el verano intentó hallar un comprador para la empresa, que ya solo contaba con su tienda online y una docena de establecimientos de calle. Como no lo encontró, y la situación era desesperada, a finales de octubre acudió al juzgado número 15 de lo Mercantil de Madrid, solicitando acogerse a concurso de acreedores, con solicitud asimismo de ir directamente a liquidación.
La búsqueda de un eventual comprador para los activos lo gestionará el administrador concursal, cargo para el que ha sido designado PwC.
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