- Pablo Isla se marcha en un momento esplendoroso, y bien remunerado.
- Marta Ortega le sucederá en la Presidencia, pero sin poder ejecutivo.
- El relevo de Crespo por García Maneiras, como consejero delegado, es más importante.
- Marta Ortega lo dijo, y tenía razón: las cosas no dependen de una persona sino de un equipo.
- Pablo Isla ha pilotado Inditex con una buena oficialidad.
- De aquí a marzo hay tiempo más que suficiente para ganar la confianza de la bolsa.
- Resucitan el apelativo de «la Zariña», y se introduce confusión sobre la residencia de la próxima presidenta.
- El kaiser Amancio debía ya, prudentemente, preparar un futuro post-Amancio.
El kaiser Amancio, la sucesión y los pilotos. Los inversores carecen todavía de elementos.
En materia bursátil no hay que alarmarse por el comportamiento del mercado en una sola jornada. Sin embargo, debe tomarse nota de que el inversor ha recibido mal, a bote pronto, la noticia del relevo en la Presidencia de Inditex. Así lo indica el comportamiento de la jornada de ayer en el mercado de acciones. Es cierto (y seguidamente lo analizamos) que la cotización de Inditex ya estaba sufriendo otras presiones bajistas. Pero los cambios anunciados al amanecer del martes 30 de noviembre no han despertado confianza, al menos en las primeras horas posteriores a ser publicados.
¿Es por el nombramiento de Marta Ortega (que va más allá de lo que se dejaba entrever en septiembre —cuando se lanzó la operación de imagen para catapultarla—), o por la salida de Pablo Isla? En realidad, con una Presidencia despojada de poder ejecutivo, no es Marta Ortega quien debe ganarse el respeto de los inversores. Sino un directivo gallego de escasa trayectoria en el ramo, a quien los accionistas no han tenido tiempo de calibrar.
Adjuntamos una caricatura célebre, realizada por John Tenniel en 1890, bajo el título «La despedida del piloto» (en inglés, «Dropping the Pilot»), y dedicada al cese del canciller Bismarck por el presidente Guillermo II. No es exactamente el caso de Pablo Isla, cuya sucesión Amancio Ortega y él mismo han planificado conjuntamente. E Isla no se va con tristeza sino en un momento esplendoroso, y bien remunerado. Pero quiere evocarse con esta imagen que la clave de las próximas semanas en Inditex estará en la digestión del relevo de piloto.
La cotización de Inditex no es actualmente mala. Incluso con los últimos descensos, se sitúa por encima del dato de abril, y más o menos un 15% por encima del dato del 29 de enero. Pero desde el martes 23 hasta ayer, otro martes, 30 de noviembre (por tanto, prácticamente en una semana), se ha dejado casi un –12%.
Ya perdió valor el miércoles y el jueves. Luego llegó la noticia de la nueva variante omicron del coronavirus, detectada en Sudáfrica, y, como prácticamente ocurrió con todos los valores en todas las bolsas (y particularmente los de compañías ligadas a turismo y comercio), el valor de Inditex sufrió el viernes un golpe. Anteayer, lunes, comenzó a recuperarse. Y ayer, prácticamente a bocajarro, volvió a caer.
Ha sido una pérdida de peldaño en escalón, de golpe, pues a las 09:00 de la mañana ya cotizaba a 28,50 euros, frente a los 29,67 con que cerró la víspera. Después, a lo largo del día mantuvo una línea irregular, en general estable-ligeramente descendente, en la horquilla de 27,8 y 28,7 euros.
No es para preocuparse. El precio de las acciones, como hemos dicho, está en un buen nivel histórico, y muy bien podría subir en las próximas horas, los próximos días, o semanas.
Sin embargo llama la atención la mala respuesta inicial de los inversores. La noticia del relevo de Pablo Isla en la Presidencia de Inditex no ha gustado. No es tanto una mala reacción ante el nombramiento de Marta Ortega Pérez como nueva presidenta (sin responsabilidad ejecutiva), como ante la marcha de Pablo Isla.
La salida inmediata de Carlos Crespo como consejero delegado, por más que permanezca como director general de Operaciones, Transformación Sostenible y Digital (abandonando el Consejo y la Comisión Ejecutiva, aunque dentro del nuevo Comité de Dirección), es una pérdida de talento experimentado, en el máximo nivel; era, por otro lado, mano derecha de Pablo Isla.
Podría dar confianza el nombramiento para esa posición, de consejero delegado, en la persona de Óscar García Maceiras, aunque su cargo precedente, como secretario del Consejo, no aporta mucha experiencia ejecutiva, y el mercado carece de suficientes elementos de juicio para calificar al directivo. Ha trabajado como abogado del Estado (en el caso del vertido del petrolero Prestige) y, en el sector privado, en Bancos (Popular, Pastor, Santander —que absorbió a ambos, y cuya área legal dirigía antes de su entrada en Inditex—); también en la Sareb, Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria. No son credenciales suficientes para intuir qué podrá hacer al frente de Inditex, salvo que el objetivo sea liderar una reestructuración societaria todavía mayor y, en su caso, alguna compra-absorción-integración.
El nuevo consejero delegado, Óscar García, de 46 años de edad, entró en Inditex en marzo de este año, como secretario general y del Consejo. Solo llevaba en el puesto y en la empresa, por tanto, ocho meses. Sin embargo, será el hombre clave en los próximos tiempos. Y su incorporación seguramente ya se hizo con vistas a ocupar en breve el cargo que ahora le ha sido otorgado. A diferencia de Isla, nacido en Madrid, Óscar García Maceiras es tan gallego como el grupo que va a dirigir. Vino al mundo en Coruña, a menos de diez kilómetros de donde tiene la sede Inditex.
Tampoco debe extrañar mucho su bagaje: Pablo Isla era igualmente abogado del Estado, tenía experiencia en el mundo bancario, y cuando entró en Inditex procedía de la tabaquera Altadis, sin ninguna experiencia previa en textil/moda ni en distribución, pero con sólidos conocimientos y capacidad demostrada para asumir el liderazgo y el desarrollo de un gran grupo. Contaba con 41 años al incorporarse a Inditex (actualmente tiene 57). Por tanto, era entonces más joven que ahora el nuevo consejero delegado.
En la fase preparatoria de estos cambios, cuando en septiembre apareció el reportaje (casi «publirreportaje») de Marta Ortega Pérez en el Wall Street Journal, se dijo que la segunda hija de Amancio Ortega estaba dispuesta a asumir más responsabilidades, pero también se sugirió que sus ambiciones personales inmediatas eran modestas. Estaba dispuesta a ir a «donde la empresa más me necesite», pero preferiblemente «algo cercano al producto». También declaró que «no sabe nada de las grandes cifras» del grupo Inditex, de las que «ni siquiera queremos hablar» en las reuniones que sostenía con los cargos de Zara Woman, donde ella venía trabajando sin un cargo concreto ni una mesa fija, y se ocupaba básicamente de supervisar la gestión de la imagen de la marca, los diseños y la comercialización.
No proyectaba, pues, un perfil calificado para dar el salto máximo a la Presidencia, sino a un cargo directivo más concreto, mejor definido, pero en un nivel intermedio.
Las frases de Pablo Isla citadas en aquella entrevista, indicando que Marta «es muy humilde» pero «tiene opiniones sólidas sobre muchas cosas diferentes», apuntaban a su capacidad general para una diversidad de materias, pero no a su madurez para una máxima posición. Ahora bien, ocupará una Presidencia no ejecutiva, con lo que en realidad encarnará la propiedad, y en principio no mucho más, aunque es obvio que sus puntos de vista merecerán algo más que una cortés atención (probablemente esto ya era así, por el mero hecho de ser la hija del dueño).
La propia Marta Ortega señalaba en septiembre, con razón, que las cosas no dependen de una persona sino de un equipo, y que su padre Amancio Ortega sobresalió por su habilidad para «encontrar a la mejor persona para hacer cada cosa».
En ese sentido, los inversores de Inditex quizá deberían meditar sobre el hecho de que lo importante en el grupo, con las dimensiones actuales, es la composición del equipo, más que la persona que esté en la cúpula.
Una de las mayores virtudes de Pablo Isla ha sido pilotar la nave gestionando a una buena oficialidad. Y debe tenerse en cuenta que él mismo ha sido uno de los artífices de la transición que ahora se emprende, y que culminará a finales de marzo próximo. Es tiempo suficiente para entrenar al nuevo consejero delegado y ganar la confianza de los mercados, suponiendo que no la obtenga mucho antes, quizá en estos mismos días.
Y es que la clave de todo, como antes hemos dicho, no estará en la fe que inspire a los inversores la hija del dueño, sino el nuevo primer ejecutivo. Óscar García será el capitán del barco, el nuevo Bismarck. Mientras que Amancio Ortega es, como el kaiser Guillermo II, quien pone y quita el piloto. Y quien, con 85 años de edad, debía ya prudentemente planificar un futuro post-Amancio. Todo ello, auxiliado por el Consejo. Y, ahora, con su hija en la Presidencia no ejecutiva.
Por cierto, probablemente ustedes sepan que, desde hace unos años, a Marta Ortega se la viene conociendo en Galicia como la «zariña». Afortunado juego de palabras. Un diminutivo «galegiño», una evocación de la cadena Zara, y una equivalencia con la mujer del zar o emperador de todas las Rusias. Así se ha recordado de nuevo ayer en los medios.
Otra curiosidad: con motivo de la famosa entrevista de septiembre en el Wall Street Journal, se informó que reside en Coruña, en un dúplex, con su actual marido (Roberto Torretta, segundas nupcias) y dos hijos; lo que es más compatible con su imagen de cercanía al cuartel general de Inditex, y aquello (que también se dijo) de que come a diario en el comedor de la empresa. Pero ayer Voz Pópuli publicó que donde vive realmente es en un «espectacular piso» en un conjunto residencial de lujo en la madrileña calle General Castaños, con vistas a la Plaza Villa de París. ¿Quién tiene razón?
Es lo que tiene convertirse no solo en una gran empresaria sino en una estrella para la prensa de sociedad... o del corazón.


